jueves, 15 de octubre de 2009

REPATRIAR LOS RESTOS DE CLORINDA

EL COMERCIO, Cusco 4 de noviembre de 1999.

Desde Lima, no desde la Argentina:
REPATRIAR LOS RESTOS DE CLORINDA


“Sin hogar y sin Patria, cadáver entre los vivos vagaré así como sin sombra y sin sol, pero mis cenizas irán a reposar en tu suelo madre mía, junto a los pedazos del corazón”.
Carta de Clorinda Matto de Turner poco antes de su fallecimiento.

Me he enterado por los medios periodísticos de una importante iniciativa encabezada por nuestro amigo periodista Calixto Coanqui, quien en su calidad de Regidor de la Comuna local ha iniciado las gestiones para la repatriación de los restos mortales de la insigne novelista cusqueña Doña Clorinda Matto de Turner. Iniciativa que secundaremos hasta verla hecha realidad y que a nuestra epónima paisana le hagamos el mausoleo que se merece.

Sin embargo es menester aclarar una inexactitud en cuanto al pedido del señor Coanqui, quien, al parecer, pensó que los restos de la autora de “Aves sin Nido”, se hallaban todavía en Buenos Aires. Lo cierto es que, como podemos leer en un estudio enjundioso sobre la gran escritora, publicado en la Revista “CIENCIAS Y ARTES” (Cusco - 1966), cuyo autor es el destacado periodista y músico Prof. Eduardo Pimentel Cáceres, (trabajo que obtuviera el Primer Premio en los Juegos Florales del Magisterio Cusqueño en 1966), todavía en 1924, el Congreso de la República, a pedido de las instituciones culturales y los intelectuales, en especial de la educadora Zoila Aurora Cáceres, hija del Mariscal de la Breña, gestionó la repatriación de los restos, los mismos que se hallaban en el cementerio de Buenos Aires, Argentina, en la tumba de la Señora Colman de Blanco.

Clorinda, partidaria del General Cáceres, fue perseguida por sus adversarios políticos y el clero reaccionario y tuvo que optar por el exilio después de la revolución pierolista de 1895. Fue la Argentina, el país que la cobijó como a una hija, dotándola de todo cuidado, reconociendo su trayectoria cultural y gran capacidad intelectual; es así que dirigió la Revista “El Búcaro Americano”, con la cual, su prestigio y nombre alcanzaron fama universal. Nimbada ya por los lauros de la inmortalidad realizó un viaje por Europa, periplo que describió con maestría y amplísima erudición en su obra de edición póstuma: “VIAJE DE RECREO”, la misma que la Municipalidad Cusqueña y la Sociedad Pro-Cultura Clorinda Matto de Turner, tuvieron el acierto de reeditar el pasado año.

Clorinda, en su relato hace notar que su salud estaba precaria, enfermó en España. Pero aún así visitó Italia, Francia, Suiza, Inglaterra y Alemania. En todo lugar fue recibida, por lo más graneado de la intelectualidad europea. No hubo, hasta hoy, ningún paisano que gozara de tal magnitud de reconocimientos, los mismos que le granjearon la calumnia, el encono, la envidia de los escritores civilistas de la burguesía limeña y la cucufatería, pues no toleraban que a una provinciana, que escribía sobre el indio y había tenido el valor y la entereza moral de señalar con el dedo las lacras sociales de su tiempo y, más aún, había tenido las agallas para exigir el fin del celibato, para evitar las acciones corruptas de los curas, la aclamaran en europa. Por eso la acallaron la insultaron, la persiguieron, la borraron de las letras nacionales.

Vuelta a Buenos Aires, Clorinda enfermó y temerosa por su vida escribió varias cartas a sus familiares y amigos, y dictó su testamento. La operación no fue exitosa y la escritora falleció el día 25 de octubre de 1909. Conforme con su testamento se la sepultó en la metrópoli bonaerense. Sin embargo, en una de sus cartas pidió que algún día reposaran sus restos al lado del corazón de su madre, aquí en el Cusco.

El 30 de noviembre de 1924, llegaron los restos de Clorinda a playas peruanas y fueron sepultados en una tumba del cementerio Presbítero Maestro, en Lima, donde pude visitar, todavía en mi infancia, guiado por mi padre, un apasionado de la obra de nuestra paisana. Cerca a su tumba, se halla la del genial vate nacional José Santos Chocano, quien pidiera sólo un metro cuadrado para que algún día se le “enterrara de pie”. En el mismo cuartel está la Tumba del Amauta José Carlos Mariátegui, con esa cita de Henry Barbusse como epitafio: “¿Sabéis quien es Mariátegui?, pues bien, Mariátegui es la nueva luz de América, el prototipo del nuevo hombre americano”.

Esa luz de América brilló también en la gran Clorinda, ya es tiempo que sus paisanos hagamos que sus restos sagrados reposen en esta tierra que la vio nacer y a cuya gloria entregó toda su vida, su sangre y sus ideas. Es tiempo de recuperar la casona donde nació y vivió para hacer de ella un centro que albergue a las instituciones culturales y a la intelectualidad del Cusco.

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